Copiar no es malo…

Cualquier sociedad de este mundo en el que vivimos está sujeta a normas, escritas o no, que regulan todos los ámbitos de su vida: normas laborales, normas de comportamiento, normas de circulación… Las leyes y los códigos que nos rodean pretenden armonizar intereses contrapuestos, buscar el bienestar de la sociedad y, sobre todo, poner un poco de orden en nuestra vida diaria. Quizás uno de sus mayores problemas no sea su incumplimiento si no la falta de claridad en su contenido que muchas veces nos llevan a la incomprensión.

En lo que se refiere a nuestro estilo de vida en los últimos tiempos nos encontramos con normas que tienen un contenido restrictivo o prohibitivo elaboradas por administraciones autonómicas o locales. A título personal creo que esas normas nacen por dos motivos:

1.- A la Administración llegan quejas de ciudadanos que se consideran perjudicados por el uso del espacio (correcto o no) por parte de usuarios de vehículos recreativos. Sí debemos de tener en cuenta que muchas veces la actuación de un irresponsable empaña la actitud responsable de un colectivo, lo que daña la imagen del mismo, sufriendo todos las consecuencias.

2.- Por otro lado a la Administración llegan quejas de otro tipo, vinculadas a un determinado sector económico (campings) que piensan que este estilo de vida puede perjudicar sus intereses. No todos son así. Algunos han sabido adaptarse a los nuevos tiempos y saben atraer “viajeros itinerantes” a sus negocios.

La mayoría de las quejas llegan a la Administración Local (ayuntamientos). Unos y otros son sus “vecinos” y como tales son fuente potencial de votos, con lo cual la mayor parte de las veces sus quejas son atendidas desembocando en estas normas prohibitivas o restrictivas.

Creo que un ayuntamiento, más que prohibir o restringir, tiene que gestionar las necesidades que surgen en su territorio y solventar los posibles problemas que se originen. Para ello lo fundamental es conocer directamente cuáles son esas necesidades y esos problemas, analizarlo y dialogar para poder llegar a una solución satisfactoria.

Hay que reconocer que en estos momentos muchas entidades locales se están dando cuenta del beneficio que puede reportar la creación de áreas de pernocta o infraestructuras de servicios para este tipo de usuario  que viaja con un vehículo recreativo. La perspectiva de futuro está clara y el turismo postpandemia va a cambiar radicalmente. Quien no se adapte impedirá un crecimiento económico en su localidad, porque este estilo de vida sí genera un movimiento de dinero, pese a lo que piensen muchos. En estos momentos aumenta el número de usuarios y a su vez surgen nuevas empresas y proyectos emprendedores: fabricantes, vendedores, talleres mecánicos o de transformación, accesorios, consultorías, áreas de pernocta privadas…. Todo suma y en estos momentos no podemos cerrar las puertas a nadie.

Nosotros, como parte de un colectivo que profesa un estilo de vida o cultura, también tenemos muchos que aportar. Se necesita una mayor unidad y un proyecto único que negocie con la Administración una normativa unificada y, sobre todo, clara y comprensible para todos. La labor didáctica también tiene su importancia. Sabemos que es imposible que todos nos comportemos de una forma responsable pero al menos tenemos que intentar que todos conozcan esa necesidad. Quizás poco a poco vayamos ganando terreno y seamos un ejemplo a seguir.

¿Por qué no tomar ejemplo de países que realmente fomentan este estilo de vida? Los países escandinavos (Noruega, Suecia, Finlandia) son verdaderos referentes. El derecho de acceso público (‘Allemansrätt’), o derecho de acceso al aire libre está recogido incluso en sus constituciones. Tienes derecho a caminar, andar en bicicleta, montar a caballo, esquiar y acampar en cualquier terreno, a excepción de los terrenos privados, cerca de una vivienda o de un terreno de cultivo. Pero este derecho conlleva responsabilidades: cuidar la naturaleza y la vida silvestre y mostrar consideración por los propietarios de tierras y por otras personas que disfrutan del campo. También hay alguna norma relativa a parques naturales o zonas protegidas.  Todo se reduce a cuatro palabras: “NO MOLESTO, NO DESTRUYO”. Pasar tiempo al aire libre donde es considerado un derecho promueve que sean los propios ciudadanos quienes, ante todo, se preocupan por cuidar el medio ambiente y la naturaleza.

En otra entrada de nuestra web lo comentábamos: A todos nos gusta despertar en el paraíso pero tenemos que entender que ese paraíso es un bien común y como tal hay que cuidarlo y respetarlo para que otros también puedan disfrutarlo.

Regular no es malo. Copiar tampoco. Tenemos ejemplos. Tomemos ejemplo. 

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